Aunque para nosotros el trasporte sanitario es algo rutinario, que forma parte de nuestro trabajo, hay que tener en cuenta el gran impacto psicológico que sufre un paciente que va a necesitar un transporte (hablamos de un paciente que está consciente) y el de su familia. Este impacto podría disminuirse si informamos a la familia y a sus familiares de el motivo y necesidad del traslado, del lugar a donde va a ser dirigido y del tiempo previsto de llegada.

Además del cambio psicológico, el paciente, durante el transporte, experimentará diversas situaciones fisiológicas que pueden agravar su estado de salud y que son originadas, no por su patología de base, sino por factores externos a él y derivados directamente del transporte.

A continuación mostramos los factores externos al paciente que se producen con mayor frecuencia durante el trasporte sanitario:

A) Vibraciones

Es un tipo de energía que se transmite al paciente y que puede provocar importantes efectos nocivos, sobre todo cuando se produce a altas frecuencias (14-18 Hz). Por ejemplo, pueden producir rotura de los capilares y con ello, causar una hemorragia.

Durante el transporte es habitual que las vibraciones se transmitan fácilmente a la camilla y al propio paciente. Por lo que además de al paciente, las vibraciones afecta a aparatos como el EKG o las bombas de perfusión.

Las vibraciones son menos nocivas en el transporte aéreo que en el transporte terrestre.

Las vibraciones se pueden disminuir de diversas formas:

  • Con la utilización de camillas flotantes.
  • Con el empleo de vehículos de transporte en buenas condiciones mecánicas, sobre todo en lo referente a suspensión.
  • Inmovilizar al paciente con colchón de vacío.

B) Temperatura.

Es aconsejable una temperatura acorde al estado del paciente. Por ejemplo, en un paciente con un traumatismo importante, es más frecuente que entre en hipotermia, puesto que está más expuesto al aire ambiental. Por ello, deberemos aumentar la temperatura ambiental del vehículo de transporte.

También es importante recordar que en el transporte aéreo, cada 300 metros de aumento de altura, se disminuye la temperatura 2 grados.

Además de afectar al paciente, el aparataje puede verse también afectado. Por ejemplo, las bajas temperaturas pueden cristalizar algunos sueros o descargar las pilas de algunos monitores.

Para evitar, tanto la hipotermia como la hipertermia, deberemos:

  • Disponer el vehículo de transporte de un adecuado sistema de acondicionamiento de aire.
  • Emplear mantas térmicas.
  • Evitar la exposición del vehículo al frío o calor ambiental.

C) Cinetosis

Su causa es una sensibilidad mayor a los estímulos en el oído interno que se produce cuando el paciente se expone a movimientos de dos o más direcciones de forma simultánea.

Este problema no sólo puede afectar al paciente, sino que es bastante frecuente entre el personal sanitario, cuando está realizando alguna maniobra en el paciente.

Para disminuir este efecto tenemos una serie de medidas simples pero de gran utilidad práctica:

  • Evitar las carreteras en mal estado y con muchas curvas.
  • Realizar una conducción regular, sin acelerones ni frenazos innecesarios.

Hay profesionales médicos que prefieren aplicar un sedante que afecte al laberinto del oído interno, tanto al paciente consciente como al personal que se encuentra con él.

D) Ruidos

El ruido depende en gran medida del tipo de vehículo que se va a emplear en el transporte.

En los adultos, ya se producen alteraciones importantes, como, la vasoconstricción periférica, con ruidos de 70 dB. Además, el ruido produce, fatiga auditiva y dificultad en la comunicación, lo que resulta de gran importancia en pacientes conscientes.

En el transporte terrestre, el ruido más destacable es el producido por la sirena de la ambulancia. Dicha sirena es recomendable sólo emplearla en situaciones realmente imprescindibles. También tenemos que tener en cuenta el ruido que se produce por el propio vehículo durante la conducción, el producido por el tráfico y el generado al utilizar el material médico necesario para la asistencia del paciente.

Cuando hablamos de transporte aéreo, el nivel de ruidos es sobre los 100 dB, por lo que las complicaciones auditivas son mayores. Es importante, en estos casos, la protección acústica del paciente, como por ejemplo, el uso de casco.

Además de para el paciente, deberemos eliminar o disminuir los ruidos posibles para un mejor trabajo del personal sanitario, puesto que el ruido dificulta, por ejemplo, el escuchar claramente la auscultación cardíaca, la toma de la tensión arterial o la dificultad en escuchar las alarmas sonoras de los monitores.

D) Efectos de la aceleración-desaceleración

El cuerpo humano se adapta a los efectos de la gravedad y a la velocidad constante de los movimientos terrestres (aceleración nula) y por tanto el aumento de la velocidad del vehículo de transporte (aceleración), como su disminución (desaceleración), provocan importantes cambios en el paciente, debidos al desarrollo de fuerzas de inercia que son proporcionales a la masa del cuerpo del mismo.

Estos movimientos bruscos son detectados por los sensores corporales y provocan el desplazamiento de masas y líquidos del interior del organismo del paciente. Se producen con gran frecuencia:

  • Disminución de la tensión arterial.
  • Aumento de la frecuencia cardíaca.
  • Alteraciones en la presión intracraneal.
  • Reacciones vagales.
  • Malestar general, mareos, nauseas, vómitos.

A la hora de valorar los efectos que se producen, deberemos observas cuál es el sentido de la aceleración o de la desaceleración. Los tipos que pueden darse son:

  • Longitudinales (de la cabeza a los pies): se producen en el transporte terrestre con mayor frecuencia que en otro tipo de transporte.
  • Laterales o transversales.
  • Anteroposteriores, que son las que se producen en el transporte aéreo.

Para evitar o disminuir cualquiera de estos problemas, deberíamos:

  • Evitar esas aceleraciones o desaceleraciones de forma brusca, realizando una conducción tranquila y regular.

Colocación correcta del paciente:

  • En el transporte terrestre se colocará al paciente en decúbito supino con la cabeza en el mismo sentido de la marcha del vehículo.
  • Cuando empleamos el transporte aéreo, se colocará al paciente en posición transversal o en el sentido contrario a la dirección de la marcha.
  • Inmovilizar al paciente con el colchón de vacío podría ser otra opción.
  • Sujetar firmemente la camilla al vehículo.
  • Proteger y fijar el material.
  • El personal acompañante deberá utilizar el cinturón de seguridad.

E) Turbulencias

Se producen en el transporte aéreo por el aire que atraviesa dicho transporte. Ese aire provoca sacudidas bruscas que pueden desplazar gravemente tanto al paciente como al personal que lo acompaña. La forma más eficaz de evitar estas sacudidas es emplear sistemas de fijación, como son los cinturones de seguridad.

F) Altura

Los efectos negativos de la altura se producen cuando empleamos el transporte aéreo. La altura provoca una disminución en la presión parcial de oxígeno y en la presión atmosférica.

Este problema no suele darse en el transporte con helicópteros porque suelen volar a alturas en las que no se producen esas alteraciones. Por el contrario, los aviones si vuelan a alturas “patológicas” para el paciente, pero están provistos de un sistema de presurización para evitar esos problemas.

Generalmente, a partir de los 1000 metros de altura se puede producir hipoxemia y esto será gravemente peligroso en paciente con patología cardíaca y/o respiratoria porque produce hiperventilación, aumento de las demandas del corazón e incluso inconsciencia. En estos casos será necesario monitorizar la presión parcial de oxígeno, o dicho de otro modo, controlar la saturación de oxígeno con un pulsioxímetro.

Por el contrario, los cambios de altura afectan a la presión, tanto del paciente como del aparataje disponible dentro del vehículo sanitario. A modo de ejemplo, si nos encontramos con un paciente con neumotórax deberemos valorar el riesgo del transporte aéreo porque los cambios de presión, que siempre se producen a pesar de estar disminuidos por el sistema de presurización de estos vehículos, podrían agravar dicho neumotórax. Incluso los sistemas empleado para tratar el neumotórax (denominados comúnmente pleurevac), se ven afectados.